Hola, somos Lucía y Andrés, una madre y un padre conscientes que queremos pasar todo el tiempo posible con nuestros hijos.
Somos unos enamorados de las pedagogías activas.
Lucía es maestra y músico profesional y Andrés es músico profesional y profesor de música y teatro.
Los dos somos musicoterapeutas y llevamos trabajando haciendo musicoterapia más de 10 años, los últimos 5 juntos.
Hemos tenido tres hijos maravillosos, Río, Aiko y Zoe y hemos formado una familia muy bonita.
Ellos han sido los que nos han impulsado a lanzarnos a esta loca aventura. Gracias a ellos, existe el espacio Caracodrilo.
Trabajando juntos, nos dimos cuenta de la visión tan parecida que teníamos acerca de las personas. Estar en el rol de terapeutas, con personas con discapacidad, nos hizo aprender a aceptar a las personas tal y como son en lugar de tal y como se espera que sean.
Además, compartimos un gran amor por la primera infancia.
Desde el momento del nacimiento de nuestro primer hijo, decidimos centrarnos en la crianza.
Empezamos a buscar un local por nuestro barrio ya que siempre nos habíamos imaginado un espacio que fuese una transición entre CASA y ESCUELA.
Nos imaginábamos algo sencillo, sin ruido, con calma…
¡Y por fin lo encontramos! Bueno, encontramos un local con muchas posibilidades. Tuvimos que echarle mucha imaginación para convertir aquello en un lugar mágico.
Lo conseguimos.
Sólo nos faltaba llenarlo de familias.
También nos imaginábamos un lugar donde poder aprender todas las personas, donde compartir con otras familias y desde el que tratar de hacer las cosas de manera diferente.
Un lugar donde los más pequeños pudieran simplemente ser y desarrollarse libremente.
Después de año y medio de andadura y echando la vista atrás, es increíble ver todo lo que hemos avanzado.
Qué de lazos nuevos hemos creado con otras familias. Hemos compartido, hemos reído, hemos bailado… nos hemos convertido en una gran familia y eso, no tiene precio.
¡Pero ven a conocernos! ¡En persona ganamos mucho!
Y quizás la sorpresa más bonita ha sido el descubrir que detrás de este proyecto no hay más que personas cercanas, transparentes y apasionadas con lo que hacen.
Sólo siendo así de accesibles se consigue un sustrato para que la otra parte, las familias, hayamos ido conectando y tejiendo una bonita red de buenos ratos y planes compartidos que han hecho de nuestro primer año en Caracodrilo una experiencia que siempre recordaremos y que estamos deseando repetir.
El equipo tiene una vocación increíble y una dedicación que se nota en cada detalle. La atención personalizada que recibe cada peque es maravillosa y se extiende a todos los niveles: adaptación, actividades, alimentación (muy sana y cuidada) ritmos de aprendizaje…
Una de sus grandes ventajas es que los grupos son reducidos, lo que permite que cada peque reciba el cariño y la atención que necesita.
No podemos estar más agradecidos por el amor y el cuidado con los que cuidan a Iago. ¡Gracias, Caracodrilo, por ser un lugar tan especial!
Sientes que dejas a tu hija con familia.